Andalucía cae en un ciclo de sequía

 Hay que remontarse a 1998 para ver un invierno menos lluvioso en Sevilla. Peor aún ha sido en la franja de Sierra Morena, la campiña cordobesa o en el Andévalo de Huelva. Sirva como ejemplo los 32 litros registrados en Santa Elena (Jaén) desde el mes de septiembre, un 92% menos que la media de la serie histórica desde 1980. Tras tres años (el mes de diciembre de 2009 fue el más lluvioso del último medio siglo) de abundantes precipitaciones, todo hace indicar que Andalucía ha entrado en un nuevo ciclo de sequía.

De momento, ya existe la certificación oficial de que estamos ante una sequía meteorológica, pero no así hidrológica porque los pantanos están por encima del 75%. El déficit de pluviometría, estimado por la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) en un 60% de media, es el mismo que se registró en el año hidrometeorológico 2004-2005, que fue el inicio del último periodo de sequía, que se prolongó un lustro. Los índices no llegan aún a los niveles de 1995, cuando se dio la sequía más grave del siglo XX. “Parece evidente que, después de varios años húmedos, se ha roto el ciclo y se ha cambiado la tendencia”, indica Luis Fernando López Cotín, delegado territorial de la Aemet. Se trata, apunta, de algo recurrente y “casi consustancial al territorio andaluz”.

La zona norte y occidental de Andalucía está siendo la más afectada por la falta de lluvias. En la capital jiennense ha llovido el 33% de la media histórica (desde 1980), en Córdoba un 36% y en Sevilla y Huelva apenas un 40%. Pero llaman la atención las oscilaciones que se han dado dentro de una misma provincia. Así por ejemplo, en Jaén se ha pasado de un déficit del 92% registrado en el observatorio de Santa Elena a un 60% en el de Cazorla; en Córdoba, del 65% de Montoro al 33% de Espiel.

En la provincia gaditana, Grazalema registra los mayores índices pluviométricos, con 578 litros, pero la cifra supone casi la mitad de la media histórica. Almería registra el punto con mayor porcentaje de lluvias. Ha sido Garrucha, donde los 270 litros caídos desde septiembre suponen el 146,6% de la media histórica. Aunque no suele ser habitual enlazar tres estaciones del año con sequía, los augurios no son buenos. “Las previsiones para la próxima primavera no son muy optimistas y parece que las precipitaciones también estarán por debajo de lo normal”, pronostica José María Sánchez-Laulhé, director del Centro Meteorológico de Málaga.

Con todo, desde la Consejería de Medio Ambiente se pide prudencia a la hora de pronosticar un ciclo de sequía. De entrada, las reservas acumuladas en los embalses andaluces (la media supera el 75%) garantizan el agua para abastecimiento humano y también para los regadíos para los dos próximos años. Solo tres embalses, los de La Bolera y Dañador, en Jaén, y los sistemas hídricos de las Sierras de Gádor y Filambres, en Almería, están en situación de alerta, con agua para menos de un año.

Mientras tanto, la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir ha atendido las demandas de riego que los agricultores habían planteado para cultivos ya establecidos como las hortícolas de invierno, la remolacha, el cereal y cítricos y frutales, como indica Feragua, la principal organización de regantes. También la Junta se ha mostrado dispuesta a adelantar los desembalses para el riego en las cuencas que gestiona la comunidad.

La asociación agraria Asaja ha advertido que si no llueve en primavera, se podría perder el 40% de la cosecha de aceituna, lo que se traduce en pérdidas de más de 400 millones solo en la provincia de Jaén.

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